Hace algunos años el Cardenal Joseph Ratzinger, que fue durante más de
20 años Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, explicó
por qué es pecado votar a favor de candidatos que favorecen el aborto.
La misiva que envió el ahora Papa Emérito Benedicto XVI a los obispos de
Estados Unidos tenía que ver con la disposición de negar la Eucaristía a
los políticos a favor del aborto. En ella afirmaba que “
un
católico sería culpable de cooperación formal en el mal, y tan indigno
para presentarse a la Sagrada Comunión, si deliberadamente votara a
favor de un candidato precisamente por la postura permisiva del
candidato respecto del aborto y/o la eutanasia”.
El texto, que fue enviado en ocasión de la asamblea plenaria del
Episcopado estadounidense realizada en junio de 2004, recobra
importancia en estos días luego que el Arzobispo de Arequipa en el Perú,
Mons. Javier del Río Alba, afirmara que es pecado votar por candidatos
presidenciales que favorecen el aborto como Verónica Mendoza (Frente
Amplio) o Alfredo Barnechea (Acción Popular).
A continuación la carta completa del Cardenal Ratzinger a los obispos de Estados Unidos:
Dignidad para recibir la Sagrada Comunión
Principios Generales
1. El presentarse para recibir la Sagrada Comunión debería ser una
decisión consciente, basada en un juicio razonado respecto de la propia
dignidad para hacerlo, según los criterios objetivos de la Iglesia,
haciéndose preguntas como: “¿Estoy en plena comunión con la Iglesia
Católica? ¿Soy culpable de algún pecado grave? ¿He incurrido en una pena
(p.ej. la excomunión, el entredicho) que prohíbe que reciba la Sagrada
Comunión? ¿Me he preparado ayunando por lo menos una hora antes?” La
práctica de presentarse indiscriminadamente a recibir la Sagrada
Comunión, simplemente como consecuencia de estar presente en la Misa,
es un abuso que debe ser corregido (
cf. Instrucción Redemptionis Sacramentum, números 81, 83).
2. La Iglesia enseña que el aborto o la eutanasia son pecado grave. La Carta Encíclica
Evangelium vitae,
respecto de decisiones judiciales o leyes civiles que autorizan o
promueven el aborto o la eutanasia, declara que existe “una grave y
clara obligación de oponerse por la objeción consciente. En el caso de
una ley intrínsecamente injusta, como una ley que permite el aborto o la
eutanasia, nunca es lícito por tanto obedecerla, o ‘participar en una
campaña de propaganda a favor de tal ley o votar por ella’” (n. 73).
Los cristianos tienen “
una grave obligación de conciencia de no
cooperar formalmente en prácticas que, aún permitidas por la legislación
civil, son contrarias a la ley de Dios. En efecto, desde el
punto de vista moral, nunca es lícito cooperar formalmente con el mal.
…Tal cooperación nunca puede ser justificada invocando el respeto a la
libertad de otros o apelando al hecho de que la ley civil lo permite o
lo requiere” (n. 74).
3. No todos los asuntos morales tienen el mismo peso moral que el aborto
y la eutanasia. Por ejemplo, si un católico discrepara con el Santo
Padre sobre la aplicación de la pena de muerte o en la decisión de hacer
la guerra, éste no sería considerado por esta razón indigno de
presentarse a recibir la Sagrada Comunión.
Aunque la Iglesia exhorta a las autoridades civiles a buscar la paz, y
no la guerra, y a ejercer discreción y misericordia al castigar a
criminales, aún sería lícito tomar las armas para repeler a un agresor o
recurrir a la pena capital. Puede haber una legítima diversidad de
opinión entre católicos respecto de ir a la guerra y aplicar la pena de
muerte, pero no, sin embargo, respecto del aborto y la eutanasia.
4. Aparte del juicio de un individuo respecto de su propia dignidad para
presentarse a recibir la Santa Eucaristía, el ministro de la Sagrada
Comunión se puede encontrar en la situación en la que debe rechazar
distribuir la Sagrada Comunión a alguien, como en el caso de un
excomulgado declarado, un declarado en entredicho, o una persistencia
obstinada en pecado grave manifiesto (cf. Can. 915).
5. Respecto del grave pecado del aborto o la eutanasia, cuando la
cooperación formal de una persona es manifiesta (entendida, en el caso
de un político católico, como hacer campaña y votar sistemáticamente por
leyes permisivas de aborto y eutanasia), su párroco debería reunirse
con él, instruirlo respecto de las enseñanzas de la Iglesia,
informándole que
no debe presentarse a la Sagrada Comunión hasta que lleve a término la situación objetiva de pecado, y advirtiéndole que de otra manera se le negará la Eucaristía.
6. Cuando “estas medidas preventivas no han tenido su efecto o cuando no
han sido posibles”, y la persona en cuestión, con obstinada
persistencia, aún se presenta a recibir la Sagrada Comunión, “el
ministro de la Sagrada Comunión debe rechazar distribuirla” (cf.
Declaración del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos “Sagrada
Comunión y Divorcio, Católicos vueltos a casar civilmente” [2002],
números 3-4).
Esta decisión, propiamente hablando, no es una sanción o una pena.
Tampoco es que el ministro de la Sagrada Comunión está realizando un
juicio sobre la culpa subjetiva de la persona, sino que está
reaccionando a la indignidad pública de la persona para recibir la
Sagrada Comunión debido a una situación objetiva de pecado.
Nota aclaratoria:
Un católico sería culpable de cooperación
formal en el mal, y tan indigno para presentarse a la Sagrada Comunión,
si deliberadamente votara a favor de un candidato precisamente por la
postura permisiva del candidato respecto del aborto y/o la eutanasia.
Cuando un católico no comparte la posición a favor del aborto o la
eutanasia de un candidato, pero vota a favor de ese candidato por otras
razones, esto es considerado una cooperación material remota, la cual
puede ser permitida ante la presencia de razones proporcionales.